16 de octubre de 2017

¿Lecturas imprescindibles?

¡Buenos días bookdiseos! Hace unos días llegó a mis manos un folleto de la librería Quorum. No sé si os pasa lo mismo, pero a mí que me encanta coger todo tipo de marcapáginas y publicidad que hay en las librerías. A veces hay verdaderos tesoros que uno no espera. El folleto que cogí me llamó bastante la atención ya que tenía rotulado “Lista de 100 imprescindibles de la Literatura universal”. Pero yo me pregunto ¿imprescindibles? ¿para quién?

Sabéis que en Bookdisea somos muy de leer clásicos y no tan clásicos para compartir nuestra experiencia con vosotros. De hecho, nuestro compañero Norte empezó a leer más literatura actual a raíz de la apertura de este blog. Sin embargo, no somos de esos que piensan que todos los clásicos por el hecho de serlo son buenos o que todo libro de cierta época se constituye como un clásico. Tal vez os gustaría recordar la entrada de Norte sobre clasismo literario.

Por ello cuando vi esta lista de 100 libros me quedé algo pensativa porque algunos no me sonaban, otros no los había leído, otros tantos pasaron por mi vida sin pena ni gloria y solo unos pocos se coronaban como verdaderos imprescindibles para mí. Por eso me hice la siguiente pregunta ¿qué hace que un libro sea imprescindible? Tras meditarlo un momento pensé que cada persona tiene una lista de imprescindibles y los libros afortunados que la constituyen son aquellos que de algún modo transformaron tu persona.

No sé qué pensáis de mi reflexión, pero me encantaría saberlo bookdiseos míos. Para que os hagáis una idea de la lista os la dejo aquí debajo, así podréis comprobar si estáis conmigo o si esta lista os parece verdaderamente imprescindible.

Las mil y una noches – Anónimo
Todo se desmorona – Chinua Achebe
Sobre los ángeles – Rafael Alberti
La divina comedia – Dante Alighieri
Cuentos de hadas y otras historias – H. C. Andersen
Orgullo y prejuicio – Jane Austen
Papá Goriot – H. de Balzac
Las flores del mal – C. P. Baudelaire
El innombrable – Samuel Becket
Decamerón – G. Bocaccio
Los detectives salvajes – Roberto Bolaño
El Aleph – Jorge Luis Borges
Fahrenheit 451 – Ray Bradbury
Cumbres borrascosas – Emily Brontë
El maestro y Margarita – Mijail Bulgákov
El desierto de los tártaros – Dino Buzzati
Tres tristes tigres – G. Cabrera Infante
Si una noche de invierno un viajero – Ítalo Calvino
El extranjero – Albert Camus
Alicia en el País de las Maravillas – Lewis Carroll
Viaje al fin de la noche – L. F. Céline
La realidad y el deseo – Luis Cernuda
Don Quijote de la Mancha – Miguel de Cervantes
Cuentos de Canterbury – Geoffrey Chaucer
Relatos cortos – Anton P. Chekov
El corazón de las tinieblas – Joseph Conrad
Rayuela – Julio Cortázar
Robinson Crusoe – Daniel Defoe
Grandes esperanzas – Charles Dickens
Berlín Alexanderplatz – Alfred Döblin
Manhattan transfer – John Dos Passos
Los hermanos Karamazov – Fiódor Dostoievski
El conde de Montecristo – Alejandro Dumas
Tierra baldía – T. S. Elliot
Medea – Eurípides
¡Absalom, Absalom! – William Faulkner
Madame Bovary – Gustave Flaubert
Romancero gitano – Federico García Lorca
Cien años de soledad – Gabriel García Márquez
Fausto – J. W. Goethe
Almas muertas – Nikolai Gogol
Reivindicación del conde don Julián – Juan Goytisolo
El tambor de hojalata – Günter Grass
Vida y destino – Vasili Grossman
Hambre – Knut Hamsun
El viejo y el mar – Ernest Hemingway
La Ilíada - La Odisea – Homero
Los miserables – Victor Hugo
Un mundo feliz – Aldous Huxley
El collar de la paloma – Ibn Hazm de Córdoba
Ulises – James Joyce
La metamorfosis – Franz Kafka
El sonido de la montaña – Yasunari Kawabata
Zorba, el griego – Nikos Kazantzakis
Kim – Rudyard Kipling
El gatopardo – G. T. di Lampedusa
Hijos y amantes – D. H. Lawrence
Matar un ruiseñor – Harper Lee
El cuaderno dorado – Doris Lessing
Paradiso – José Lezama Lima
Relatos de los mares del sur – Jack London
Hijos de nuestro barrio – Naguib Mahfuz
La montaña mágica – Thomas Mann
Moby Dick – Herman Melville
El marino que perdió la gracia del mar – Yukio Mishima
Beloved – Toni Morrison
El hombre sin atributos – Robert Musil
Lolita – Vladimir Nabokov
Esperando al Mahatma – R. K. Narayan
1984 – George Orwell
La metamorfosis – Ovidio
El museo de la inocencia – Orhan Pamuk
Libro del desasosiego – Fernando Pessoa
Narraciones extraordinarias – Edgar Allan Poe
En busca del tiempo perdido – Marcel Proust
Obra poética – Francisco de Quevedo
Gargantúa y Pantagruel – Francois Rabelais
Elegías de Duino – Rainer María Rilke
Pedro Páramo – Juan Rulfo
El principito – Antoine de Saint-Exupery
El guardián entre el centeno – J. D. Salinger
Ensayo sobre la ceguera – José Saramago
El gran Gatsby – Francis Scott Fitzgerald
Hamlet – William Shakespeare
Frankenstein – Mary Shelley
La familia Moskat – Isaac Bashevis Singer
Edipo Rey – Sófocles      
Las uvas de la ira – John Steinbeck
Rojo y negro – Stendhal
Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy – Laurence Sterne
La isla del tesoro – Robert Louis Stevenson
Drácula – Bram Stoker
Los viajes de Gulliver – Jonathan Swift
El señor de los anillos – J. R. R. Tolkien
Guerra y paz – Leo Tolstoy
Las aventuras de Huckleberry Finn – Mark Twain
La ciudad y los perros – Mario Vargas-Llosa
Hojas de hierba – Walt Whitman
El retrato de Dorian Gray – Oscar Wilde
Al faro – Virginia Woolf


¡No olvidéis darnos amor en los comentarios! Os quiere con fuerza sobrehumana, Este.

11 de octubre de 2017

Book haul norteño: septiembre y primeros de octubre

Lo de hoy no es un book haul, sino, como diría mi madre, una venganza. Y es que traigo más libros que palabras, si nos ponemos a exagerar un poco. Este book haul ocupa el mes de septiembre y la primera semana de octubre, porque así podía contaros acerca de los libros que mis amigas cardinales y otros amigos queridos me han regalado por mi cumpleaños (aunque antes de tiempo, porque somos gente muy top, bastante international y ocupada, así que para el día verdadero no coincidíamos). ¿Qué tal si arrancamos?

Putas asesinas, de Roberto Bolaño

Bien, precisamente comenzamos por el único libro que no aparece en la foto del book haul (se me olvidó). Este me lo regalaron por un premio literario que gané, así como de recompensa por ser un buen hijo que permite a sus padres ir a eventos donde presumir. Ya lo he leído y es genial.

En l’absence des hommes, de Philippe Besson; Slaughterhouse 5, de Kurt Vonnegut; Acide sulfurique, de Amélie Nothomb; Mortal y rosa, de Francisco Umbral

Estos cuatro me los compré porque sí, la verdad. Me hacían bastante falta en mi vida y, si no los compraba, nunca iba a saber por qué. Ya he leído En l’absence des hommes (sobre el que podéis leer en mi anterior entrada, aquí) y Acide sulfurique, y estoy en proceso de leer Mortal y rosa, que me está gustando muchísimo.

            4 3 2 1, de Paul Auster

¿Recordáis la recomendación de este mes? Si no, la puedes leer aquí. Pues bien, dije que este lo iba a conseguir sí o sí, después de desparramar mi amor por City of Glass por todo el suelo de Bookdisea. Y parece que alguien me oyó, o me leyó, o más bien se lo había dicho algunos días antes y me lo regaló por el santo patrón de mi nombre (no soy creyente y no lo celebro, pero, si me quieren hacer regalos, ¿quién soy yo para rechazarlos?). Ya lo estoy leyendo (sí, leo varios libros a la vez), y me está encantando. En cuanto lo acabe cae reseña seguro.

Los siguientes libros me los han regalado por mi cumpleaños, y voy uno por uno para no escribir un título enorme.

            2084: la fin du monde, de Boualem Sansal

Ganador del Prix de la Académie Française (un premio que no está nada mal), este autor ha escrito una novela distópica ambientada en un futuro nada halagüeño bajo el supremacismo religioso. La verdad es que me interesó, porque solo he leído distopías occidentales-blancas-cristianas, y creo que la perspectiva de hacerlo desde un autor que no cumple ese canon es muy interesante. Lo tenéis en español editado por Seix Barral.

            Anthologie de la poésie négro-africaine, editada por Anne-Marie Gey

Esta antología la esperaba con bastantes ganas, porque siempre he querido tener algo de poesía africana en físico. Además, las antologías sirven para reclutar autores que me gustaría leer completamente. Por otra parte, esta antología está pensada para introducir a los jóvenes a la poesía, aunque los poemas no son infantiles (muchos de los poetas son clásicos, como Léopold Senghor, Aimée Césaire o Bernard Dadié), y cuenta con ilustraciones muy bonitas que te sirven para sumergirte de pleno en la cultura africana: sus costumbres, sus paisajes, sus colores, sus animales…

            Le pur et l’impur, de Colette

Ay, Colette. De las primeras y grandes mujeres rebeldes de la literatura. Colette, con sus escritos abiertamente bisexuales, su estilo decadente y bohemio, y sus múltiples relaciones con escritores, resulta indispensable para comprender el mundo de la bohemia artística, casi heredero del mundo libertino, del que hemos hablado en otra entrada.

            The Age of Innocence, de Edith Warton

Siempre me ha dado mucha rabia querer leer un libro e ir olvidando que quiero leerlo. Eso me ha pasado con Edith Warton, a la que jamás estudié en la carrera, y que es un clásico de la literatura estadounidense. La edad de la inocencia critica de forma salvaje la comedia de costumbres tan típicamente anglófona, y estoy deseando leerla.

            Tender is the Night, de Francis Scott Fitzgerald

De este regalo tiene la culpa prácticamente la editorial Gatopardo ediciones (¿sabéis que Gatopardo es genial?), porque, como ya sabéis, reseñé hace algún tiempo La muerte de la mariposa, de Pietro Citati. La verdad es que la biografía de los Fitzgerald me encantó, y me dejó con ganas de leer nuevamente The Great Gatsby, así como de leer algo nuevo de este autor. Así que aquí está, Tender is the Night, la Riviera francesa toda para mí.

            Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño

Al principio de este book haul hablaba de Putas asesinas, de este mismo autor, y decía que me había encantado. Creo que podéis intuir, por mi forma de actuar, la razón de que Los detectives salvajes haya llegado a mí. Sí, lo confieso, he insistido mucho en que necesitaba esta novela después de leer los relatos de Putas asesinas. Y, como Sur posee una gran intuición para regalar, supo que este tenía que caer, pese a que yo jamás lo había puesto en mi lista (despistes de hacer una lista con más de cuarenta libros).

Bueno, hasta aquí mi book haul eterno. Espero que os hayan gustado mis nuevas adquisiciones/regalos, y os inspiren para futuras lecturas o superar parones lectores. Ya sabéis, ¡comentad con lo que os parezca!

¡Salud y lectura!

9 de octubre de 2017

El amor, la guerra, la ficción

Queridos bookdiseos, hoy os traigo una entrada de relax donde me gustaría hablar sobre un tema duro pero a la vez bastante bello, a mi parecer, y recomendaros tres libros. Como habéis leído en el título, hablaré de la ficción del amor y la guerra.

¿No os parece un tanto irónico? Amor y guerra resultan términos opuestos y, sin embargo, han captado la atención de numerosos escritores a lo largo de nuestra literatura. Supongo que el amor y la guerra es una dualidad como la del bien y el mal, o la presencia y la ausencia. La guerra supone el abandono de todo afecto, bien por la humanidad, por una etnia en particular, por una nación… La guerra es una muestra de odio, que puede ser fruto de una necesidad o fruto de otros intereses. El amor, sin embargo, representa la satisfacción de nuestras necesidades de afecto, el apego completo al recipiente en el que volcamos ese sentimiento.

Tal vez sea esa la razón de esta ficción de amor y guerra. La guerra provoca necesariamente la aparición del amor, al igual que el amor provoca la aparición de la guerra. Puede sonar un poco bestia, pero, cuando se trata de dualidades, ambas coexisten y se retroalimentan. Es por ello que, si la guerra representa el odio en su mayor expresión, en el momento en el que se produce, el amor se demuestra capaz de equipararse a su contrario. Y es aquí donde entran los tres libros de los que quiero hablaros. Voy a empezar por el último que leí, hasta llegar al primero.

En l’absence des hommes (En ausencia de los hombres) de Philippe Besson es quizás el que mejor refleja la lucha antagónica de estas abstracciones. Ambientado en París durante la I Guerra mundial, narra los encuentros amistosos del adolescente Vincent de L’Etoile con el ya maduro escritor Marcel Proust, y sus encuentros sexuales y amorosos con el Arthur, soldado de veintitrés años en un permiso semanal. Esta novela, fuertemente influida por el estilo proustiano, transcurre entre dos escenarios, los salones de la alta sociedad, y la cama de Vincent. Sin embargo, pese a que no hay escenarios de guerra, la guerra es omnipresente. El amor que se desarrolla entre los dos jóvenes es fruto de la cercanía de la muerte, de la absoluta consciencia de que no existe un futuro más allá de la masacre que supone la guerra mundial. La lengua de esta narración es lírica y delicada, tan fluida que leerla te absorbe por completo. Os dejo un pequeño fragmento, que os traduzco, para que podáis disfrutar y, si habláis francés, podáis leer esta novela (ignoro si está traducida, otros libros de Besson sí):

Voilà que tu dis: prends-moi dans tes bras, qu’au moins, la vie, ça ne soit pas seulement cette angoisse de la mort qui rend fou, cette attente permanente, insupportable de la mort prochaine.

Entonces dices: tómame entre tus brazos para que, al menos, la vida no sea solo esta angustia mortal que me vuelve loco, esa espera permanente, insoportable, de la muerte cercana.

En siguiente lugar, viene otro libro ambientado en una guerra mundial, solo que esta vez se trata de la II Guerra Mundial. While England Sleeps (Mientras Inglaterra duerme, lo podéis encontrar en Anagrama) de David Leavitt nos transporta a la relación amorosa que se da entre Brian Brotsford, escritor de clase social alta, y Edward Phelan, un joven proletario. Esta novela, menos lírica y más implicada política y socialmente en denunciar las injusticias de clase que se dieron en la intervención de Reino Unido en la II Guerra Mundial, nos lleva de Inglaterra a España, donde Brian busca a Phelan. Aquí el amor es más complejo y menos abstracto, es más un producto de un tiempo y una sociedad. También la sexualidad es más libre y más frívola, pero no por ello menos importante. Mientras que en la novela anterior primero ocurre la guerra, después el amor y después la guerra, en esta la guerra y el amor libran su propia contienda, con el telón de fondo de una España que se desangraba en la Guerra Civil.

El último libro que os recomiendo es menos trágico, aunque no menos duro, a fin de cuentas. En La hija del capitán de Aleksandr Pushkin (qué poco hablo de autores rusos, con lo que me gustan), conocemos la historia de Piotr Andréich Griniov y sus desventuras durante la insurrección de los cosacos en el siglo XVIII en la Rebelión de Pugachov. Es un amor dieciochesco ruso, es decir, un amor estático como las estepas pero ardiente como el vodka (clichés, clichés, ¿qué haríamos sin ellos?). En esta novela hay duelos, hay asedios, hay rescates inesperados y traiciones, todo un novelón, aunque breve, del genio de las letras rusas. Además, si os gusta la novela histórica, La hija del capitán es un magnífico ejemplo de este género llevado a buen puerto.

Hasta aquí nuestra aventura de amor y guerra, espero que hayáis disfrutado y os anotéis estos magníficos libritos. Y ya sabéis, si os ha gustado comentad, si no, también.

¡Salud y lectura!

P. S.: aunque vayan de amor y guerra, os recomiendo que hagáis más lo primero, porque ya bastante tenemos con los idiotas que se dedican a hacer lo segundo.

3 de octubre de 2017

Recomendación del mes : City of Glass - Paul Auster

Paul Auster está de moda, bookdiseos, y no solo porque sea la leyenda viva del posmodernismo literario, que también, sino porque ha publicado su última y larguísima novela 4 3 2 1, que le ha valido estar en el shortlist para el Man Booker Prize 2017, compitiendo con autores experimentados y con las revelaciones literarias del año. Y ya sabéis que en Bookdisea nos gusta rescatar el pasado para recordaros que las modas de hoy siempre fueron tendencias del ayer; así que este mes os recomendamos uno de los relatos más conocidos de la estrella de la rentrée anglófona. Se trata de City of Glass, en español Ciudad de cristal.

Esta novela corta se inserta dentro de la New York Trilogy, que comprende también Ghosts y The Locked Room. Sin embargo, la potencia de City of Glass ha hecho que las traducciones en español, por ejemplo, omitan el resto de la trilogía. Y no es para menos, porque este relato tiene la virtud de dejar al lector perplejo y confuso, y al mismo tiempo muy consciente de que la realidad, en realidad (valga la redundancia), no existe. City of Glass nos acerca a la historia de Peter Quinn, escritor de novela negra, y a los acontecimientos que ocurren tras esa llamada de un número equivocado, que suena tres veces en la medianoche y pregunta por alguien que él no es. Este es el comienzo, literal, de la novela, y os puedo decir que, junto con el comienzo del Quijote, de Pride and Prejudice, de La Princesse de Clèves y la Eneida, es uno de los mejores comienzos de toda la literatura que he leído en mi vida.

Cuando Peter Quinn acepta el caso de Paul Auster personaje (gracias por tanto, Paul Auster autor), emprende un viaje por toda la ciudad de Nueva York en el que solo cabe perderse, hasta el punto de perder toda identidad. No voy a desvelar mucho más de este increíble relato, porque esto lo tenéis que leer sí o sí. Con City of Glass no caben excusas, ni libros que tenemos antes, ni nada parecido. O lo leéis, o no volváis a hablarme, porque habréis desperdiciado la oportunidad que os brindo de ser personas de verdad, personas con las que merece la pena hablar. Quizás esté exagerando, pero solo en la frase anterior. Debéis leer este libro, estoy seguro de ello.

Además, contáis incluso con una versión en novela gráfica, publicada por Anagrama, que es absolutamente brillante. La novela gráfica recoge perfectamente la esencia del relato y profundiza en su escenografía con un dibujo melancólico, vago, impreciso, austero y descarnado, como el estilo prosístico de Auster en esta novela corta.

Si no os importa, acabo con algo más personal. Paul Auster y City of Glass, junto con Tristram Shandy y Balzac, entre otros autores que no mencionaré (para que podáis investigar cuando me den el Nobel de Literatura, keep dreamin’ babe, you’ll go high), han influido de forma determinante en mi forma de escribir prosa. Los que me conocen saben que yo no suelo hablar de esto, porque soy muy reservado respecto a este tema, pero ocurre que esta obra lo merece. Esa construcción de la trama, puramente posmoderna, que se articula en múltiples planos diegéticos y de realidad, junto con ese estilo preciso y elegante, a la par que descarnado y furioso, heredero de la cultura del hard boiled pulp, me resulta fundamental a la hora de escribir, hasta el punto que me cuesta concebir algo que no se constituya en torno a estos parámetros. Bueno, voy a dejar este onanismo literario-mental.

Bueno, creo que ya he dejado claro que soy muy fan de este relato, y que voy a comprarme sí o sí la última novela de Paul Auster. Ya sabéis, si os ha gustado, comentad; si ya conocíais City of Glass, comentad; si no os ha gustado, comentad. ¡Salud y lectura!

28 de septiembre de 2017

Presentando a Julio Cortázar, mi gran amor

¡Hola, bookdiseos! Espero que vuestro comienzo de la rutina esté siendo lo más llevadero posible y que, además, esté repleto de nuevas aventuras literarias.

Hoy vengo a hablaros de una de mis mayores pasiones, Julio Cortázar. Y no, los que me conocen saben que no exagero cuando digo que Cortázar es mi gran amor. Mi relación con este autor argentino comenzó cuando yo apenas tenía 17 años. En aquella época yo ya era una devoradora de libros empedernida, aunque reconozco que bastante perdida sobre qué leer.

Leía, como cualquier adolescente suele hacer, a través de lecturas escolares que me abrían puerta a otras lecturas ya no obligatorias. Asimismo, tuve la suerte de contar con una hermana mayor que, por tanto, conocía mucho más que yo y que tenía la buena costumbre de hacerme partícipe de todas y cada una de sus lecturas.

La profesora de literatura de aquella época se convirtió para mí en todo un referente literario y casien una guía espiritual. Sus clases me apasionaban, deseaba con anhelo que llegara la hora de Lengua española y Literatura para perderme en sus recitales y el desfile continuo de títulos que alguna vez significaron algo para ella y que, de algún modo, empezaron a significar también mucho para mí.

Fue entonces, uno de esos días, cuando llegó con un enorme libro titulado Rayuela y nos instó a leerlo en ese mismo momento de nuestra vida no sin dejarnos de advertir que no se trataría de una lectura convencional. Y vaya si no lo fue.

La adolescente que yo era bullía en su interior deseosa de aceptar el desafío que aquello suponía y, por qué no, de poder superarlo y alardear de ello con mis compañeros.

Insistí día y noche en casa para que me regalaran el dichoso libro, pues Rayuela no es un libro cualquiera y tener que leerlo desde el ordenador no era lo mismo por el propio juego que el autor proponía. Finalmente, llegó el esperado día y mi hermano me lo regaló. Siempre recordaré aquella edición de Cátedra tan limpia y tan bonita.

Empecé a leer y a leer aceptando el juego que desde la primera página se mostraba ante mí. Y flipé. Os juro que aluciné. Jamás había leído cosa semejante y os aseguro que, a ratos, no entendía absolutamente nada. Me fascinó hasta el extremo de obsesionarme con sus personajes, con las calles de París y la sensación de pérdida y búsqueda continua que aquel señor desconocido para mí había tenido el acierto de escribir.

Desde aquel momento la fiebre Cortázar ya no tuvo fin para mí. Busqué todo lo que hubiera escrito y me topé con muchos de sus relatos. Su literatura era juego, desafío, locura y cordura a la vez. Algunas de sus frases se me clavaron a fuego y me vi subiendo y bajando escaleras al revés al modo de su «Instrucciones para subir una escalera al revés». Y no solo eso, fui acumulando todos los libros que podía y, de viaje en París, busqué su tumba y me deleité paseando por aquellas calles que tanto conocía sin haberlas visitado nunca.




Su concepto de fantasía me sobrecogió en lo más profundo. Porque lo real y lo fantástico conviven en Cortázar. Y no es que yo me lo invente, es que así mismo lo explicó él cuando mostraba su desacuerdo con el otro gran escritor argentino Jorge Luis Borges.

A través de Julio Cortázar conocí el jazz y a Charlie Parker. Y es que hablar de Julio es poder escuchar la música que él mismo oía a través de sus textos. En El perseguidor —que Norte tuvo la gentileza de regalarme en versión ilustrada hace muy poco— no solo yace el germen que culminaría luego en Rayuela, sino todo el arte de este gran jazzista al que, bajo el pseudónimo de Johnny Carter, convierte en un icono del rechazo de lo establecido.

En definitiva, Cortázar es todo aquello que siempre quise leer incluso cuando ni siquiera sabía que lo quería. Sé que esto es un poco difícil de entender, pero ¿no os ha pasado alguna vez que leéis algo y pensáis que esa idea ya vivía en vosotros?

Sin más, está será una de mis primeras entradas hablando sobre este gran escritor que, como ya habréis podido comprobar tras la lectura de esta entrada, me apasiona. ¿Y a vosotros, os gusta Julio Cortázar? ¿Tenéis algún autor que os produzca sentimientos similares?

27 de septiembre de 2017

Reseña: La mariposa de alas un poco chamuscadas

Bookdiseos queridos, estoy tremendamente complacido de traeros la reseña de un libro que me ha sorprendido como pocos lo han hecho en los últimos tiempos. No me ha sorprendido por su calidad, que la tiene, sino porque ha conseguido engancharme y emocionarme, pese a tratarse de un género al que, si bien no detesto, no lo considero santo de mi devoción. Se trata de La muerte de la mariposa: Zelda y Francis Scott Fitzgerald de Pietro Citati, traducido por Teresa Clavel y editado por nuestra amada editorial Gatopardo ediciones.

Antes de divagar sobre el libro, como suelo hacer, me gustaría remitiros a nuestras anteriores reseñas de los libros de Gatopardo (Paseando con hombres, Mujeres excelentes, Dame tu corazón, La gente del abismo y Amor no correspondido), con el simple propósito de que veáis cómo los cuatro puntos cardinales coincidimos en una cosa: Gatopardo es una gran editorial. No es un elogio (los odio), sino un hecho. Pocas editoriales que hayan cumplido dos años (fue el pasado jueves, ¡felicidades!), algunas que hayan cumplido más incluidas, pueden vanagloriarse de haber construido, con esmero y paciencia, un catálogo de tal calidad. Para mí, esta editorial se ha convertido en un referente de literatura no mainstream, pues sus títulos muchas veces recogen los textos de menor fama de autores consagrados, en lengua española. Enhorabuena por un trabajo bien hecho.

Vamos al tema. Pese a que La muerte de la mariposa es una obra italiana, el texto trata un tema tan estadounidense como sus personajes: las sombras de la fama y el lujoso exceso, en este caso de Francis Scott Fitzgerald y Zelda Fitzgerald. Para recrear esa atmósfera, os propongo leer esta reseña con la siguiente canción:


Pietro Citati demuestra, en esta biografía novelada, su gran familiaridad con el concepto de americana. Americana (en inglés, no español) hace referencia a todos los productos culturales que, si bien puede que no sean de origen americanos, siempre asociamos a la cultura americana. La tarta de manzana, el beisbol, la casa en un suburbio con garaje, una esposa sonriente y sumisa, niños que abandonan el hogar pronto en busca del sueño americano, los viajes de carretera… ¿sigo?

La riqueza material y el lujo desbordante de origen burgués que acaban con la ya de por sí baja autoestima de sus causantes y terminan en tragedia son también productos clásicos de Americana. Precisamente fue Fitzgerald quien le dio ese estatus a ese tema con sus historias. Aunque se considera que The Great Gatsby es la cumbre, otras novelas suyas como Tender is the Night, The Beautiful and the Damned o The last Tycoon desarrollan este tema.

La grandeza de la obra de Pietro Citati reside en cómo retroalimenta la misma obra de Fitzgerald con su propia vida. La vida de los Fitzgerald se convierte así en otro clásico ejemplo de la pareja exitosa, que queda arrastrada y vencida por sus propios éxitos y su incapacidad para vencer a sus propios demonios. Citati convierte la realidad en ficción y, a su vez, en un producto clásico de la cultura estadounidense, que no es poco. Todo esto bajo el esplendor y la sombra de los años veinte y posteriores, la época de la generación perdida estadounidense. El contexto de la progresiva caída de los Fitzgerald combina la decadencia europea con el lujo estadounidense de entreguerras.

La muerte de la mariposa nos hace viajar a lo más recóndito de las relaciones humanas, y examina los estragos que la inestabilidad mental y emocional provoca en estas. Alcoholismo, esquizofrenia, megalomanía, complejo de inferioridad…, Citati nos invita un viaje a la cara oculta de una luna dorada de fama, ambición y decadencia.

Os voy a ser sinceros, empecé este libro bastante escéptico y, valga el juego de palabras, acabé creyente. No aguanto la novela histórica, tampoco en exceso las biografías, pero esta me ha convencido completamente. Un libro de un lirismo solo equiparable, por increíble que parezca, a la contención de su autor. Una contención que, si me lo permitís, parece más británica que italiana. El autor hace gala de una prosa hermosa pero no excesivamente adornada, precisa e inteligente. Además, la traducción de Teresa Clavel me parece logradísima, que hace parecer simple la traducción de un texto de relativa complejidad, como este.

Como siempre, Gatopardo ediciones acierta con los gustos de Bookdisea o, me atrevería a decir, de cualquier lector amante de un texto que lo ponga a prueba. Sencillamente, un acierto. 

¡Salud y lectura! 

23 de septiembre de 2017

¿Es oro todo lo que reluce?

La respuesta es que no.

Pero ¿a qué viene esto? Pues bien, os pongo en situación. Resulta que estábamos el otro día muy living viendo la historia que se desenvolvía con @Sra_bibliotecaria y otro bloguero, cuyo nombre no recuerdo, y nos pareció muy interesante el debate. Y ya sabéis que Norte no es Norte si no les pone la puntilla a todos los debates (deberíais ser testigos de cómo nos destripamos a peleas dialécticas en Bookdisea, digno de un circo romano).

Todo esto ocurría a raíz del libro publicado por @Srtabebi, que el bloguero en cuestión consideraba una de las mejores prosas poéticas que había leído en una publicación de Instagram. @Sra_bibliotecaria decidió comentar y contender contra esa idea, ya que, según su argumentación, hay muchos y mejores prosistas poéticos. En ese momento se entabló un debate que, por lo visto, se entendió como debate por parte de @Sra_bibliotecaria pero como discusión por parte del otro miembro de la conversación, que dejó de responder.

No me voy a detener más en la historia, porque ya hemos establecido el tema. Hoy os voy a hablar de… CALIDAD versus GUSTO.

Para empezar, vamos a distinguir la calidad del gusto. El concepto de calidad se aplica a cualquier producto, físico o abstracto, para identificar, bajo unos criterios objetivos, en cuántos de estos sobresale. Lo sé, la lexicología no es lo mío. Lo ejemplifico. En el caso de la literatura, cuando hablamos de que un libro tiene más calidad, estamos diciendo que ese libro merece más ser leído que otro, independientemente de si lo leemos o no.

En literatura, los criterios son muy variados; de hecho, existe una bibliografía muy extensa al respecto que podéis encontrar en bibliotecas, especialmente en la universitaria. Está desde la importancia generacional o la pertenencia a un movimiento, hasta el palmarés del autor o lo innovador (o clásico) de la lengua empleada. El caso es que es objetivo. Objetivo. Os pongo un ejemplo, en poesía:

Tu próxima vida no está asegurada.
Hazte un favor, apaga la pantalla
y enciende los sentidos,
la vida
te está esperando
ahí afuera
con la falda levantada. («Te está esperando», Marwan)

Sé sabio; licua el vino, y no concedas
A un espacio corto una esperanza larga.
Mientras hablamos, se habrá esfumado
Nuestro odioso tiempo: aprovecha el día,
No creas en el futuro. («Oda 11», Horacio)

Cualquiera podría decir que este ejemplo es injusto, pero no os equivoquéis. Solo median veinte siglos entre un poeta y otro. Son humanos, son poetas, y ambos hablan de lo mismo: el carpe diem de toda la vida. Marwan con un toque tecnófobo, Horacio con un toque epicúreo, pero nada más. El criterio objetivo que te hace decir que el poema de Horacio es considerablemente mejor que el de Marwan es el tratamiento del tema y la lengua. La lengua de Horacio es sencilla, pero no simple. La versificación de Marwan busca sencillez, pero solo es simple. El poeta latino exprime la lengua, mientras que este poeta español no saca partido a todas las posibilidades de su lengua en ese tipo de verso (que son muchas).

Ahora bien, es totalmente lícito que te guste Marwan y no te guste Horacio. Pero tu decisión es arbitraria, porque es un gusto. Las impresiones y conexiones propias que componen lo que nosotros llamamos gusto son completamente subjetivas.

Entonces, gusto y calidad no van reñidos. Nunca han ido. Cuando los oponemos, estamos cayendo en la falta de criterio. Algo no es bueno porque te guste, ni por ser bueno te tiene que gustar. Es por ello que debemos ser conscientes de que consumir cosas no buenas no es malo, pero debemos asumir que su calidad no viene dada porque nos gusten. Yo, por ejemplo, soy incapaz de leer novela histórica. Y ahí está Sir Walter Scott, la calidad en novela histórica hecha persona. Si empezamos a sentir complejo con respecto a nuestras lecturas, o superioridad con respecto a las lecturas de otros, caemos en ser unas básicas y clasistas literarios (magnífica entrada, escrita por mí, por cierto).

Termino con una consideración. He visto críticas a @Sra_bibliotecaria porque utiliza el término «literatura de verdad». Sinceramente, estoy bastante de acuerdo en emplear este término y, si me permitís, me explicaré. En una cultura digital como la nuestra, hemos pasado de la transmisión oral a la transmisión escrita. Fijaos. Twitter, Facebook, Instagram… todos tienen entre un 80% a un 95% de su contenido en forma escrita. Leemos más que nunca, porque nos comunicamos de esta forma Antes, prácticamente cualquier cosa escrita, salvo documentos y demás parafernalia, se consideraba literatura. Pero esto ocurre más que nada porque nadie poseía los recursos suficientes para malgastar soporte escrito, y solo escribían lo que fuera totalmente necesario, y la literatura surge de la absoluta necesidad del escritor (tomo esta idea prestada de Sur).

Entonces, si literatura es todo lo escrito, ¿es una cultura escrita una cultura literaria? Eso os tiene que sonar regular; normal. Por ello, esta generación, agrupada especialmente en Frida ediciones, no puede ser considerada, en general, un grupo de poetas que publiquen literatura. Amor y asco, que parece ofrecer el mismo contenido que @Srtabebi en su cuenta de Twitter, no es literatura, al menos no de la «de verdad». La literatura requiere algo más que un mero soporte escrito, y más ahora.

Si queréis saber qué es literatura, os toca esperar. Por hoy ya se ha escrito más que suficiente.

¡Salud y lectura!