6 de abril de 2017

El amor, la poesía


¡Bookdiseos! ¡Hoy estamos de celebración! No, no es porque Massiel ganara Eurovisión, ni porque publicaran El Principito, tal día como hoy, en 1327… ¡Nació el amor!

Y ahora os preguntaréis, pero, ¿qué me está contando Norte? ¿Acaso no existía antes el amor? Pues claro que sí, guapis; pero no el amor moderno, ese amor de morirse, de ruborizarse cuando te mira, de llorar por los rincones. Y todo gracias a la mayor diva de la poesía occidental: Petrarca.

Petrarca no creó simplemente una tendencia. Él creó LA TENDENCIA. Antes de Petrarca había una serie de poetas, los trovadores, que durante siglos por el sur de Francia y el norte de Italia cantaron al amor a través de los juglares. Entre todos se reunía una serie de características que el gran Petrarca condensó en su Canzoniere, desarrollando el llamado amor petrarquista.

Bueno, ¿y por qué? Pues se cuenta que, en 1327 en Aviñón (Provenza-Francia), Petrarca vio por primera vez a Laura, que sería inmortalizada en todos sus poemas. Esta Laura dice Francisco Rico, un señor muy muy pero que muy importantísimo en los estudios de literatura medieval en lengua romance, que fue Laure de Noves, que después sería Laura de Sade, tras casarse con un antepasado del Marqués de Sade (soy fan de las vueltas que da la vida). El caso es que realmente no se sabe si la Laura de Petrarca es verdadera o falsa. Y ahora vienen las preguntas (música inquietante).

¿La poesía amorosa y el amor pueden coexistir? ¿Es necesario estar enamorado para escribir poemas de amor que nos revienten los sentidos y el alma?

En Bookdisea seguro que hay disparidad de opiniones, pero como Norte escribe esto, Norte da su opinión. Norte dice que… NO. Laura es, en mi opinión, una excusa poética del señor Petrarca. Laura es un juego de palabras que recuerda a la palabra laurel, que significa “la brisa” en provenzal, l’aura, o que recuerda a la palabra oro en latín, aurum. Petrarca fue un señor que le daba muchas vueltas a eso de escribir un poema (como todos los de su época, pregunten por otro que se llama Dante), y además le gustaba escribir difícil. Lo gracioso es que el juego le funcionó, fuera o no real. Shakespeare, Garcilaso, Spenser, Juan Boscán (Sur tiene una historia genial sobre Boscán y Garcilaso que espero que un día os cuente), Quevedo, Sidney… Cientos de poetas y artistas hasta hace veinte segundos respiran gracias a la poesía de Petrarca. Ese Ave María, ¿cuándo serás mía? de Bisbal, Álex Ubago en sí mismo o cualquier otra canción de amor que se os ocurra beben de los poemas de Petrarca, del universo de símbolos que ese señor creó un poco por la cara.

Ahora, en general y volviendo al tema, pienso que no es necesario sentir amor para evocarlo con palabras. Para escribir poesía hay que estar frío. Solo cuando la mente piensa con frialdad, las palabras salen calientes. Se piensa que la poesía surge de los sentimientos, pero considero que esa idea es errónea. Los sentimientos surgen de la poesía y, por eso, es necesario calcular bien cada palabra, cada verso, para activar en el lector lo que el autor quiere que sienta.

¿Qué pensáis? ¿Es el amor la poesía, como dice el título de esta entrada en homenaje al libro del fantástico Paul Éluard? ¿O es la poesía y luego el amor?


Nota: si te gustó esta entrada, pásate por mi otra entrada de la serie “Señores que…” en la que hablo del señor que inventó la adolescencia.

2 comentarios:

  1. Muy buen post, algo diferente, me gusta. Pues yo creo que es el amor la poesía.

    Besos,

    Bibiana.

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    1. ¡Hola! Muchas gracias por dejarnos un comentario. Además, nos parece genial que tengas una opinión distinta de la que aquí proponemos. En Bookdisea valoramos la pluralidad de opiniones como una manera de enriquecer nuestros temas.
      ¡Un saludo!
      Norte.

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