14 de marzo de 2017

¿Cine o literatura?: La tumba de las luciérnagas



Cuando veo una película no suelo leer el libro en el que se basa y cuando leo un libro rechazo la opción de ver la película, porque me da la sensación que la historia construida en mi cabeza a través del cine o la literatura puede ser destruida en cuestión de segundos. Sin embargo, hay ocasiones en las que necesito saber más de la historia, más detalles, cosas nuevas, datos distintos, una banda sonora, una cara y entonces me aventuro a romper la costumbre.

Esto me pasó con la película La tumba de las luciérnagas de Isaho Takahata del año 1988. Al ser una gran fan de la animación japonesa en general y del Studio Ghibli en particular no pude pasar sin ver esta película. Además, lo hice completamente ignorante de lo que me esperaba, no leí la sinopsis, no vi un tráiler y tampoco busqué comentarios u opiniones sobre la misma. Decidí ver la película completamente desnuda de prejuicios. Desde entonces es mi película favorita de animación. Una historia antibelicista que relata la historia de dos hermanos que huyen del hambre y la precariedad que les ha arrojado la segunda guerra mundial a través de los bombardeos de la ciudad de Kobe.

Meses más tarde de ver la película por primera vez, sabiendo que esta historia se basaba en un libro, lo busqué de forma incansable a través de internet sin tener éxito. Era como buscar una aguja en un pajar, pero finalmente lo encontré en una de las librerías beta de Sevilla. La tumba de las luciérnagas (1967), en japonés Hotaru no Haka, del escritor Akiyuki Nosaka, editada en español por la editorial Acantilado en el año 2000 junto con la novela Las algas americanas (1967), es un libro que no deja indiferente. Pocas veces una novela me deja sin palabras, pero aún son menos las veces que no quiero más de una novela que me encanta. Nunca se me había encogido el corazón con tanta fuerza sintiendo como se desgarra mi ser sin tregua. Tampoco había empatizado tanto con los personajes de una historia, haciendo que su desdicha fuera la mía y mi llanto fuera el suyo.

Bien es cierto que yo ya no era ignorante y que quizás estaba cegada por las imágenes que me había regalado la película de Takahata, pero leer la novela sólo consiguió hacerme crecer. Estoy convencida que con esta historia el orden de los factores no altera el producto, es decir, no importa que veas antes la película o que leas antes el libro porque los escalofríos aparecerán igualmente. En mi caso, fue solo leer las primeras líneas de la novela y sentir como el vello se me ponía de punta. Me transporté directamente a la película del Studio Ghibli, parecía enteramente que estuviera leyendo el guion. Por supuesto libro y película no son completamente iguales, el libro carece de uno de los elementos más dulces de la película que para mí es uno de los más importantes, del mismo modo que la película se aparta de manera leve pero perceptible de la tragedia que resulta ser esta novela autobiográfica. Aun así, la fidelidad de la película al libro hace de este conjunto uno de los pocos ejemplos de que el cine puede hacer justicia a la literatura.

¿Y vosotros? ¿Habéis leído el libro o visto la película? ¿Pudisteis conseguir el libro? ¿Estáis de acuerdo conmigo? ¡Escribid en los comentarios o en nuestras redes sociales!

2 comentarios:

  1. ¡A mi me encanto la peli! ❤️ ¡Un besito y hasta otro día! 😍

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  2. ¡Sofía! Hace mucho tiempo que no te vemos por aquí, echa un vistazo por nuestras entradas. Siempre aceptamos consejos, recomendaciones y peticiones. ¡Un abrazo!

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