18 de marzo de 2017

Reseña: Intemperie - Jesús Carrasco

Toda mi vida me he dirigido al Este. Toda mi vida con un rumbo fijo. Siempre bajo techo con la misma idea presente. Siempre con los pies en el suelo, pero creyendo conocer mi destino. Pero a veces la vida te gasta una broma y te hace llorar como un chiquillo que llora viendo su helado caído en el suelo y ve como se derrite la efímera felicidad que le prometieron. Me sentí fuera de casa, lejos de la lumbre, de mi techo, lejos de mi vida. Me sentí lejos de mí. Me sentí a la intemperie.

El sur me tendió un brazo en el momento más oportuno. En su mano llevaba piel de oveja y en su rostro la consciencia de que la literatura era más enfermedad que cura. Sin embargo, en ese momento era la terapia que me alejaría del tormento. Ignorante de mí, cogí la obra recelosa sin saber si era un sueño o una pesadilla el regalo que me estaba ofreciendo. Resultó ser una combinación de la nada y del todo.

Cambié el rumbo y miré a otro lado para enfrentarme a una nueva aventura. Un viaje sin mapas, sin direcciones, sin brújula. Algo completamente nuevo. Así que me embarqué con la incertidumbre de cuán ajetreada sería la odisea. Hacía calor y sentí angustia y miedo. A veces hacía frío y era agónico no tener el sofoco matutino. Pero sobretodo sentí sed. Me encontré con un libro que me bebía y me daba sed y que, aun habiendo llegado a puerto, me dejó con ansias de mar.  
Si hay algo en este mundo con lo que me pueda sentir representada es con mi lugar de nacimiento. Yo soy Sur por los cuatro puntos cardinales. Eso hace que sienta gran apego por el clima árido, el sol inclemente y esas historias en las que la naturaleza más salvaje no es un simple escenario, sino la protagonista indiscutible. Asimismo, esta novela nos devuelve, con gran valentía, un léxico terruñero y apegado a la ruralidad casi olvidado en nuestra literatura.

Esta novela comienza con la huida de un chico de su hogar por razones que desconocemos. Tras la partida, este chico deberá sobrevivir en una llanura árida y repleta de obstáculos. En su viaje de crecimiento, un cabrero será su guía cambiando para siempre la vida de ambos.

Intemperie no es una novela fácil si estás pensando en pasar un rato agradable y despreocupado en la comodidad de tu sofá. La opera prima de Jesús Carrasco es terriblemente incómoda, de hecho. Su prosa descarnada y feísta no exenta de lirismo se recrea en los detalles más escabrosos. En esto no puede evitar recordarnos a Camilo José Cela y obras como La familia de Pascual Duarte. Pero no este el único autor que nos evoca la prosa de Carrasco. Intemperie es atemporal, carece de indicaciones espaciotemporales más allá del entorno natural y jamás nos ofrece nombre alguno de los personajes que aparecen en ella. Esta novela se convierte en el arte de intuir, en la técnica del icerberg del que solo podemos ver su punta, y en esto, E. Hemingway es el maestro. Así, las razones de la huida del niño son siempre una incógnita, aunque el narrador ofrezca pistas y el final nos resulte claramente revelador, el problema no se hace explícito, cosa que consideramos un gran acierto poético.

Leer esta obra es un ejercicio de catarsis. El lector se siente partícipe de la historia, siente lo que el protagonista siente y sufre la ansiedad sofocante del calor y la maldad que se respira en un mundo donde el único refugio posible es permanecer a la intemperie.

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